Posted by: incapoint | August 1, 2008

Las (insólitas) preguntas de Maricucha en Puerto Maldonado Peru

Las (insólitas) preguntas de Maricucha

Rafo León: Mal de muchos

Por Rafo León

 

 

Nos presentaron en el aeropuerto de Puerto Maldonado. Íbamos a compartir un viaje de una semana por ciertos refugios selváticos del río Tambopata, yo haciendo lo mío y ella, lo suyo. Nos dimos el besito de rigor, lo que me permitió reparar en que en sus cejas algo raro pasaba. Los pelitos, perfectos, no se movían. Varias horas más tarde habría de descubrir que esas cejas de revista, eran tatuadas: ahí me di cuenta de que la vida es de lo más rara. Luego del ‘chuick’, me quedó mirando con sus enormes ojos, azules como dos lagos sandovales, y me preguntó nasalmente: “¿Y tú quién eres?”. Como soy sensible al tema de la identidad, me limité a lo más burocrático y expeditivo: “Me llamo Rafo León”. Arqueó un tanto las tatuadas y en su aún bello rostro se dibujó un breve matiz de incomodidad: “No te he preguntado cómo te llamas sino quién eres”. Me quedé frío a contramano de los 38º de temperatura a la sombra. Como no le respondí (no hubiera sabido qué), se olvidó de mí y partió rumbo a la coaster que nos habría de llevar al puerto donde nos embarcaríamos hacia nuestro primer destino.

 

 

En la lancha nos tocó sentarnos juntos. Como era la hora del almuerzo, la empresa de turismo que nos llevaba nos puso un juane enorme en las faldas. Maricucha, con sus cejas tatuadas, sus ojos como cuerpos de agua y sus 65 magníficamente llevados, era un portento comiendo arroz frío envuelto en hoja de bijao, entreverado con gallina, huevo duro y aceituna, con tenedor de plástico. Mientras deglutía su juane, pareció recuperar la memoria: “Ah, ya sé, tú trabajas en la televisión”. Buche adentro con el juane. “¿Y tú cómo te llamas?”. Bajó las tatuadas: “Maricucha Álvarez de Barreda” (nombre simulado por mí, ciertamente). Atando cabos recordé que no hacía mucho, al edificio en el que vivo se había mudado un anciano arquitecto del mismo apellido, un hombre absolutamente respetable, que ha tenido un peso decisivo en la modernización de la arquitectura peruana. Se lo digo a Maricucha: “Tu tío Alfonso se acaba de mudar al edificio donde yo estoy, a mi mismo piso”. Las tatuadas saltaron de alerta: “¿Mi tío Alfonso? ¿Y dónde vives tú?”. Explicarle a Maricucha que en el viejo Miraflores, entre Juan Fanning y José Gonzales hay un asentamiento humano en cuya calle Buenos Aires está mi choza, fue como una clase de antropología estructural dictada a un esquimal. Al final pareció entender y se quedó muda.

 

 

Seguía el viaje en la lancha, pasábamos por los bosques devastados por la agricultura, el cielo estaba azulísimo y de cuando en cuando surcaba una garza gris ese aire tan denso de humedad que parece imposible de ser respirado. Yo estaba haciendo unas notas en mi libreta cuando se me ocurrió mirar a Maricucha. Se había puesto los lentes de sol y una especie de convulsión le agitaba el pecho. Maricucha, era obvio, estaba llorando. Antes de pedir el botiquín de primeros auxilios, se me ocurrió preguntarle qué le pasaba. “Nada… una vida entera dedicada a la arquitectura, un prestigio enorme, tanto esfuerzo… ¡para terminar viviendo entre Juan Gonzales y José Fanning… ¡buuuuu!”. No tuve cabeza para corregirle los nombres de las calles, pero sí para indignarme un poquito. “Perdón, Maricucha, mi calle no tiene nada de malo, al contrario”. Se levantó los lentes y mediante las tatuadas en forma de papa frita me hizo sentir que había metido la pata al denigrarme. ¿Pero, quieren saber cómo la arregló? Así: “Ay, es que tú recién estás comenzando, en cambio mi tío Alfonso… ¡buuuuu!”. Yo, el que recién comenzaba, ya había cumplido cincuenta años de edad, pero no se lo iba a decir a Maricucha para no aumentar su dolor. Lo que sí, durante el resto de la travesía en lancha hice conciencia de algo muy importante para quien quiere entrar en el mundo de Maricucha: cuando te pregunten quién eres, preocúpate, significa que no calificas. O algo más grave aún, que si el tío Alfonso es tu vecino, eso indica que el fin del mundo está próximo, y todo por culpa tuya, por existir sin haberle pedido permiso a Maricucha. Limeños son, tienes que saber responder a sus preguntas.


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