Posted by: incapoint | September 25, 2009

Los Falos de Chucuito

Los Falos de Chucuito

Se mantienen de pie, algunos maltrechos o mutilados, otros indemnes y aún poderosos; pero eso sí, todos lucen atrevidamente erguidos, mofándose del pudor con su pétrea obscenidad y atrapando miradas por la audacia y desvergüenza de sus formas.

 

Son muchos y se asemejan a un extraño ejército -integrado por decenas de esculturas fálicas de generosas proporciones- que logró conquistar o tomar por asalto un pedazo del suelo de Chucuito, bautizado desde entonces con el descriptivo y acertadísimo nombre de Inca Uyo, un término aymara que significa “miembro viril del Inca”.

 

Más allá de cualquier connotación erótica y procaz, se presume que el Inca Uyo fue un templo a la fertilidad, en el que se agradecía a la naturaleza por el milagro de la reproducción humana y, probablemente, también a la Pachamama o madre tierra, que permitía con sus frutos la prolongación de la vida.

 

Todo en este templo es sorprendente. Quizás sea uno de los pocos en el mundo en el que la puerta de entrada tiene como vigías a dos pequeños falos. En el interior, se hallan diseminadas, aproximadamente, 90 de estas “inofensivas” figuras, que parecen rendirle culto a su gigantesco “hermano mayor”, una enhiesta escultura de más de un metro, que reposa en el centro.

 

Las hipótesis sobre este singular complejo son diversas. Se cree que fue un templo donde se realizaban ritos relacionados con la fertilidad. Una teoría más cósmica, concluye que debido a la ubicación geográfica de Chucuito, habría sido un centro astronómico; por su parte, los pobladores tienen una visión más terrenal del asunto y lo consideran un remedio eficaz contra la esterilidad.

 

Son muchas las historias populares referidas a mujeres que recobraron la fertilidad perdida, luego de sentarse -eso sí, después de recibir el visto bueno del esposo- sobre las vigorosas esculturas pétreas. ¿Verdad o mentira? Un halo de misterio cubre el templo.

 

Pero las decenas de “miembros viriles del inca” no son el único atractivo de Chucuito, un pueblo a las orillas del Titicaca (el lago navegable más alto del mundo) que cobija en sus calles discretas y silenciosas un riquísimo pasado, cuyas raíces se afirman en los orígenes de la cultura altiplánica.


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