Posted by: incapoint | August 18, 2010

En el Día de Arequipa: Arequipeñidad

A propósito del Aniversario de Arequipa encontré este artículo publicado hace algunos años en un diario por Juan Ochoa López. Merece ser compartido en este 15 de Agosto, en el Aniversario de Arequipa

Cuando los peruanos beben licor en exceso, suelen llorar por la mujer que se fue , por lo hijos malagradecidos, por los bolsillos precarios o –en el último de los casos- lloran simplemente por sí mismos.

En cambio, cuando lo arequipeños se emborrachan lloran por Arequipa. Por su amado volcán que siempre está ahí, desde el comienzo del mundo. Por su campiña , tierra fragrante de papas y cebollas. Por su cielo azul y por el inolvidable patio con columnas de piedra y de sillar. Los arequipeños lloran por Arequipa, que remedio, y cada quince de agosto, cuando están lejos, sienten un temblor cardiáco, una nostalgia auténtica y, sin necesidad de beber, lloran por su terruño con sincera franqueza lacrimal.

Por eso, a la mayoría de peruanos les cae mal los arequipeños. No soportamos, en nuestra congénita mediocridad , ese vasto amor del mistiano a su paisaje esa seguridad para afirmar que Arequipa es la primera ciudad del país, la más hermosa, la más limpia, la más sana. Nos asusta su crecimiento y nos araña su personalidad porque, ingenuamente, confundimos temperamento con soberbia, autoestima con petulancia.

Así, nunca alcanzamos a digerir la grandeza de Arequipa. Desconocemos el litoral extenso desde Lomas a Punta de Bombón; sus camarones espectaculares de Ocoña y Camaná, su capital mestiza y única, levantada por hombres que, piedra a piedra, la reconstruyeron de bárbaros terremotos, mientras otros departamentos aguarda que los gobiernos, los ministros y los congresistas de turno les resuelvan sus problemas. Esa es la verdad: Arequipa es autónoma porque es rica en cobre, en mar, en carne y leche, en agua pura, en fauna , en flora, en historia, en turismo y, fundamentalmente Arequipa es rica porque sus hijos la aman con orgullo y pasión.

Pero tamaño mérito se nos atraca en la lengua. Mezquinos o mudos a la hora de elogiar el talento ajeno, el tibio ciudadano del Perú jamás gritará a los cuatro vientos que hubo arequipeños ilustres que nos despertaron la peruanidad dormida, como Luna Pizarro, el Dean Valdivia o Víctor Andrés Belaunde, tan urgentes en estos tiempos de tristes asesorías presidenciales. Tampoco reconoceremos que muchos pintores arequipeños enseñaron a pintar a otros peruanos y que varios hijos del Misti nos dieron cátedra en inteligencia, en poesía, en jurisprudencia, en deporte, en ciencia o en el complejo oficio de vivir.

Ese derroche de personajes, esa arequipeñidad a prueba de balas y privatizaciones, ese sentimiento telúrico hacia la tierra que los vio nacer es el espejo en el que otros departamentos deprimidos del Perú deben mirarse. Entonces, si todos imitáramos a Arequipa, esta patria sería otra y el peruano, largo tiempo oprimido, aprendería a quejarse menos y actuar más. Y fundamentalmente, aprendería a reconocer el mérito de los otros de la misma manera como, en estas líneas, reconozco y saludo a Arequipa por su día, por todo lo que nos ha dado y por esa noble arequipeñidad, siempre tan a flor de piel.


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