Posted by: incapoint | September 27, 2010

Lima quiere mostrar sus encantos.

Lima quiere mostrar sus encantos y ser una gran ciudad que muchos olvidan visitar en su paso a otros destino

La actual capital de Perú también lo fue en el entonces Virreinato en épocas de la Colonia.

Eclipsada por otros destinos como Machu Picchu, el Lago Titicaca o las Líneas de Nazca, Lima, la capital de Perú posee una gran variedad de destinos, como la Ciudad de los Reyes, en su día centro del poder del Virreinato español.

Fundada hace ya 475 años  a orillas del Rímac, el llamado Río Hablador, la capital peruana ha ido perdiendo el lustre de la época colonial, aunque todavía conserva ciertos aires de grandeza desaliñada, como la que desprende su centro histórico.

“Lima es la ciudad de todas las sangres, todos los rostros, comidas y músicas”, resume el historiador de la Universidad de San Marcos, Freddy Cabanillas, en referencia a las personas llegadas a este capital desde Europa, África y Asia, y que se mezclaron con las emigraciones ‘interiores’ llegadas de la sierra y la selva.

En la Plaza de Armas, el ángel de la fuente da la bienvenida al mandatario de turno que habita el Palacio de Gobierno. Desde ese punto, la guía Carina Clemente señala hacia la ‘puerta del perdón’ de la catedral, situada a la derecha, por donde debían ingresar los presos que conseguían “liberarse” de sus cadenas. Pura ironía, ya que todos los condenados a muerte se quedaban “a las puertas” y fallecían en la misma plaza.

Dentro de la basílica se dice que yacen los restos del fundador de Lima y conquistador español Francisco Pizarro, quien murió en 1541 asaltado por hombres fieles a su archienemigo y competidor, Diego de Almagro.

Desde las 25.000 personas enterradas en las catacumbas de la iglesia de San Francisco hasta el palacio arzobispal, pasando por la Casa de la (prolífica) Literatura Peruana o por el ilustrativo Museo de la Inquisición, el centro de la ciudad ofrece múltiples atractivos.

Ya pasaron los años en que los altos índices de delincuencia hacían mella en la confianza de los turistas, aunque una visita al centro implica siempre ir con precaución.

Además de balcones y casonas, destaca el encanto de una de las plazas más bellas de Lima, la neocolonial San Martín, inaugurada en 1921 con motivo del centenario de la independencia de Perú. De paseo por el antes aristocrático Jirón de la Unión, cuesta imaginar a las mujeres que entonces desfilaban vestidas a la moda europea, algunas de ellas con un velo que sólo dejaba un ojo al descubierto y que les hizo merecer el apelativo de “tapadas”. Desde el centro parten varias rutas que dan cuenta de la explosión urbana que ha vivido Lima en los últimos años.

Al subir a lo alto del cerro de San Cristóbal en microbús (en el futuro habrá un teleférico), se puede echar una ojeada a la “monstruosidad” de Lima, una urbe de más de ocho millones de ciudadanos que ha crecido a espaldas del océano Pacífico pese a tenerlo tan cerca.

En la segunda mitad del siglo XX, el terrorismo y la miseria marcaron la vida de millones de personas que dejaron sus casas en los Andes y se asentaron en los polvorientos ‘conos’, zonas pobres de la periferia que hasta la fecha carecen de servicios básicos como el agua corriente.

Según el profesor de la Universidad Católica, Jesús Cosamalón, esa otra ciudad, independiente de la Lima aristocrática, ha ido ganando poder económico gracias a los negocios. Sólo hay que ver los centros comerciales levantados junto a las barriadas, típicas en un país donde el 34,8 por ciento de la población sigue siendo pobre.

Ya en el distrito de Barrios Altos, el cementerio del Presbítero Maestro ofrece una cara diferente de la cultura peruana a través de las tumbas de héroes patrios como Francisco Bolognesi o Miguel Grau, destacados militares que participaron en la guerra del Pacífico contra Chile (1879- 1884).

Además de este histórico camposanto, una treintena de museos sacia la sed de cultura. Entre ellos está el Museo de Arte de Lima (Mali) y el Museo de Arqueología. Además, siempre se pueden visitar in situ lugares como la Huaca Pucllana, centro ceremonial de la cultura de Lima en pleno barrio de Miraflores, o salir de la ciudad en dirección al complejo donde, durante siglos, se rindió culto a Pachacamac, creador del Universo.

La cifra: 54 virreyes que llegaron de España a Perú vivieron en la casa de Pizarro

El placer de la aventura y de la variada gastronomía

Los más atrevidos tienen la oportunidad de volar en parapente sobre los acantilados de la costa verde, que delimita la frontera entre el océano y la ciudad. Para los que prefieran pisar suelo firme hay otras opciones como un paseo por algunos de los escenarios de las novelas de Mario Vargas Llosa o una noche de fiesta en el barrio bohemio de Barranco.

Sin embargo, el principal placer que ofrece Lima y el resto de Perú es, a todas voces, su gastronomía. Junto a las ricas especialidades de lomos saltados, cebiches, tiraditos, anticuchos y otras exquisiteces, la prestigiosa cocina peruana viene acompañada de fuertes cócteles como el pisco sour o de bebidas dulces como la chicha morada.

Portafolio.com.co


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