Posted by: incapoint | November 1, 2010

A 450 km de Lima, un vuelo en avioneta sobre el desierto y sus figuras milenarias. Las islas Ballestas, la Ruta del Pisco y los sabores típicos.

A 450 km de Lima, un vuelo en avioneta sobre el desierto y sus figuras milenarias. Las islas Ballestas, la Ruta del Pisco y los sabores típicos.

PorDiana Pazos, ESPECIAL PARA CLARIN

Imágenes 

Hay experiencias que generan vértigo en el alma y, por definición, son escasas, intensas e inolvidables. Sobrevolar las Líneas de Nazca es una de ellas, más aún para quienes habíamos visto documentales desde la infancia sobre este gran enigma dibujado –literalmente– sobre el desierto de Perú.

La avioneta tiene capacidad para doce personas. El vuelo comienza a las 13.50 de un martes, en pleno desierto de Ica, a 30 km del océano Pacífico. Pero será recién después de sobrevolar durante 40 minutos una sucesión de dunas admirables –todas iguales, todas diferentes–, cuando el piloto advierta que de las más de 300 figuras que existen en Nazca veremos unas 15. Las más importantes.

El recorrido comienza con el más reciente descubrimiento: los vestigios de la ciudad de Cahuachi, de unos 2 mil años de antigüedad, entre cuyas construcciones sobresale la Gran Pirámide.

Con movimientos circulares para que las reliquias arqueológicas puedan ser divisadas por los pasajeros sentados a la derecha y a la izquierda de la nave, empezamos a volar sobre una curiosa cantidad de trapecios y triángulos. Algunos de los trazos son increíblemente rectos, pese a que llegan a medir varios kilómetros.

Entonces llega el momento más esperado. Y uno trata de no pestañear para no perderse un instante de estas figuras increíbles, tratando primero de divisarlas con rapidez, sacar todas las fotos posibles y disfrutarlas después.

Así vamos descubriendo a la Ballena, el Astronauta (da escalofríos con sólo pensarlo: ¿qué significado podría tener este inquietante hombrecillo de ojos grandes sobre aquella roca?), el Mono y su larga cola espiralada, el Perro, el Pelícano y el Cóndor (de 136 m), siguiendo el orden y la ubicación de los geoglifos en el mapa de vuelo.

Llega el turno de la gran Araña, de 46 metros. Es que los números hablan por sí solos: el Colibrí, de 96 m de largo y 66 m de ancho; el Espiral, de 80 m; las Manos, de 45 m; el Arbol, de 70 m; el Alcatraz y el Loro, de 200 m cada uno. Finalmente llega la Estrella, y una de las mayores sorpresas surge al advertir la proporción armoniosa que presenta la totalidad de los dibujos, teniendo en cuenta sus dimensiones.

Los interrogantes continúan vigentes hasta nuestros días: ¿Cuál era la real función de las Líneas de Nazca? ¿Cómo y cuándo fueron realizadas? ¿Es posible que fueran un pedido o una ofrenda para los dioses? ¿Eran un gran calendario astronómico?

El hallazgo menos pensado

Corría septiembre de 1926, cuando tres científicos (Julio César Tello, Toribio Mejía Xespe y Alfred Kroeber) llevaban adelante una investigación en el desierto de Ica, en la costa meridional de Perú. Buscaban vestigios de la civilización preincaica de Nazca, que vivió su apogeo entre los años 300 aC y 1000 dC. Hasta que una tarde, subieron a un cerro en el desolado desierto de Nazca y observaron un conjunto de caminos o canales que se entrecruzaban, formando extraños dibujos y figuras geométricas. De esa forma, quedaban oficialmente descubiertas las Líneas de Nazca.

En un primer momento, los trazos fueron interpretados como caminos sagrados y/o acueductos y canales de riego construidos en el desierto por las culturas Nazca y Paracas. Pero la perspectiva del lugar cambiaría para siempre en 1940, cuando el antropólogo Paul Kosok subió a un avión y sobrevoló unos 500 km2: aparecieron más de 300 geoglifos, enormes trapecios, dibujos de plantas y animales gigantes, y seres antropomorfos inabarcables para la mirada desde el suelo. Así nació uno de los mayores enigmas de la Humanidad, declarados patrimonio de la Unesco.

Por entonces entró en escena la alemana María Reiche, quien dedicó toda su vida a estudiar el misterio. “La Doctora” –como la llamaban– se instaló en el desierto, equipada con una cinta métrica, una brújula y una escalera de mano. Ella descubrió, por ejemplo, el dibujo de la famosa araña. Y luego de estudiar más de mil líneas, concluyó que era “el libro de astronomía más grande del mundo”, al creer en su relación con el movimiento de los astros.Otros científicos –como Hans Horkheimer– afirmaron que las marcas definían espacios con sentido sociológico y que había lugares reservados para la danza y el culto de los antepasados. Sin embargo, todos coincidieron en la causa de la preservación de los geoglifos: es un área desértica sin lluvias y los vientos paracas limpian los surcos, impidiendo el depósito de arena.

Hacia las islas Ballestas

Siempre en el departamento de Ica, el madrugón se olvida pronto al subir a la lancha que enfrenta las frías aguas de la península de Paracas. ¿El objetivo? Las islas Ballestas, un grupo de formaciones rocosas cercanas a la ciudad de Pisco, donde habita gran cantidad de fauna marina. Se destacan las aves guaneras (el pelícano, el zarcillo, el piquero y el cormorán), los pingüinos de Humboldt y los lobos marinos, así como las estrellas de mar y los cangrejos aferrados a los muros.

El nombre de las islas se debe a los arcos que presentan, como consecuencia de la erosión del viento y del mar. Al navegar por esos huecos irregulares se vuelve más intenso el olor a guano, importante fuente de explotación en el lugar y un fertilizante muy demandado desde los tiempos de la Conquista española, cuando las capas llegaron a medir entre 25 y 30 m de ancho. En la actualidad, la recolección se realiza en forma periódica, pero viven allí todo el año cuadrillas de guardianes para evitar los robos de guano.

Antes de que el guía lo señale descubro El Candelabro, sin imaginar que sería la primera parada y el mayor misterio de la excursión. Con 130 m de largo, 70 m de ancho y 50 cm de profundidad, el geoglifo sirve de faro a los navegantes. Al desconocerse su origen, hay teorías que lo relacionan con las Líneas de Nazca, mientras otras afirman que se remonta a 500 años, siendo una señal para piratas como Francis Drake.

Cercana y creada en 1975, la Reserva Nacional de Paracas no sólo es la única región marítima protegida del Perú por su biodiversidad, sino que se la relaciona con un singular hecho histórico. Según se cuenta, don José de San Martín se inspiró en los flamencos al crear la bandera peruana, ya que eran de un intenso color rosado y con sus alas desplegadas dejaban ver una franja blanca en el centro. Precisamente, aquí se celebra cada septiembre el desembarco del prócer argentino.

No sé si erá una paradoja del desierto, pero llega la triste hora de partir y compruebo que el tiempo aquí se escurre a la velocidad de la arena adentro de un reloj.

http://www.clarin.com/viajes/misteriosas-Lineas-Nazca_0_363563825.html


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