Posted by: incapoint | November 10, 2010

Lima, según Vargas Llosa

Lima, según Vargas Llosa

Un recorrido por los escenarios de la capital peruana que inspiraron al autor de “Conversación en la Catedral”.

Una buena parte de los relatos de la primera etapa literaria de Mario Vargas Llosa se sitúan en Lima, en aquella ciudad de las décadas de 1940 y 1950 donde se crió y maduró el escritor, que hace pocos días ganó el Premio Nobel de Literatura de la Academia Sueca. Lima está presente en “Los jefes”, “Los cachorros”, “La ciudad y los perros” y “Conversación en la Catedral”, entre otros textos fundamentales de Vargas Llosa. Por eso se puede hablar de una “ruta literaria” a través de ciertos escenarios ubicados en barrios limeños. Es lo que pensó el Ministerio de Turismo del Perú, que en 2008 publicó una guía, “La Lima de Vargas Llosa”.

El narrador decía en 2006 en el “Diccionario del amante de América Latina” que “la Lima de entonces era todavía –a fines de los cuarenta– una ciudad pequeña, segura, tranquila y mentirosa. Vivíamos en compartimentos estancos. Los ricos y acomodados en Orrantia y San Isidro; la clase media de más ingresos en Miraflores y la de menos en Magdalena, San Miguel, Barranco; los pobres, en La Victoria, Lince, Bajo el Puente, el Porvenir. Los muchachos de clases privilegiadas a los pobres casi no los veíamos y ni siquiera nos dábamos cuenta de su existencia: ellos estaban allá, en sus barrios, sitios peligrosos y remotos donde, al parecer, había crímenes. Un muchacho de mi medio, si no salía de Lima, podía pasarse la vida con la ilusión de vivir en un país de hispanohablantes, blancos y mestizos, totalmente ignorante de los millones de indios quechuahablantes y con unos modos de vida diferentes”.

En la novela corta “Los cachorros” (publicada en 1967) y en el cuento “Día domingo” del libro “Los jefes” (1959), Vargas Llosa habla del barrio de Miraflores, que a veces erróneamente se toma por el barrio de la aristocracia peruana, cuando en realidad es el más típico de la clase media limeña. Aquí el escritor vivió su adolescencia y juventud, sus romances, rebeldías y desencantos. En sus calles y parques, en el borde marítimo donde abundaban los viejos balnearios, en sus zonas comerciales, Miraflores conserva un paisaje social equilibrado. El barrio, con sus jardines y huertas, se incorporó al municipio de Lima en 1857. En las calles Juan Fanning, Diego Ferré, José González, Porta y Ocharán, se ve aún la convivencia entre casas de dos pisos y jardines, junto a pequeños conventillos y negocios de barrio, que ya escasean: la sastrería, la zapatería, el almacén. La avenida Pardo con su alameda es uno de los ejes del barrio, retratada en el cuento “Día domingo”.

Miraflores estaba poblado de salas de cines como el Excelsior, el Canout, el Montecarlo, el Leuro o el Ricardo Palma. Otras calles importantes son las avenidas Larco y La Diagonal. Un café favorito de Vargas Llosa, el “Crem Rica” (hoy se llama “El Manolo”) sigue casi en la esquina de Larco y el parque Kennedy, donde también está el “D’Onofrio” con sus helados, nombrados ambos en el relato “Los cachorros”. Al final de La Diagonal, casi frente al mar, están aún el “Bowling Brunswick” y los clubes “Terrazas” y “Waikiki”, recordados por el escritor como ejes de la cultura moderna de la década de 1950, teñida de rock y rebeldía juvenil.

En el centro

En la novela más ambiciosa de Vargas Llosa, “Conversación en la Catedral”, publicada en 1969, el escenario es el centro de Lima, donde están las redacciones de los diarios. “Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? ”, anota Vargas Llosa en su relato.

Claro que La Catedral no es una iglesia, es un bar de mala muerte, cerca del Puente del Ejército y los galpones del Ferrocarril Central, en el cruce de Huancavelica y la avenida Alfonso Ugarte, cerca de las aguas del Rimac. Allí, en el bar “La Catedral”, charlan durante horas el joven Santiago Zavala (un joven periodista, como lo fue Vargas Llosa) y el chofer Ambrosio. “La Catedral” hoy está en ruinas, pero frente a la céntrica Plaza San Martín, que con sus bares y cafés atraía en la década de 1960 a la bohemia de Lima, se conserva el “Bar Negro Negro”, significativo para el escritor. Y bien cerca están otros lugares novelescos: la Universidad de San Marcos (donde Vargas Llosa estudió derecho), el Hotel Maury (donde, según se dice, nació el “pisco sour”) y el bar “Palermo” frente al Parque Universitario, a pocos metros de la pastelería “Huérfanos” sobre la calle Azángaro. Lima es eterna.

http://www.clarin.com/viajes/


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